¿Por qué me cuesta tanto estar solo? La dificultad para estar con uno mismo
Para algunas personas, estar solas resulta difícil. Cuando no hay nadie alrededor, aparece una sensación de vacío, inquietud o aburrimiento que hace necesario buscar rápidamente algo que hacer o alguien con quien estar. Puede surgir la necesidad de llamar a alguien, revisar constantemente el teléfono, llenar el tiempo de actividades o mantener una relación incluso cuando ya no resulta satisfactoria.
Sin embargo, la dificultad para estar solo no siempre tiene que ver con no saber entretenerse o con necesitar más vida social. En ocasiones, lo que resulta difícil no es la ausencia de los demás, sino aquello que aparece cuando los demás dejan de ocupar ese espacio.
Estar solo no es lo mismo que sentirse solo
Podemos estar solos y sentirnos tranquilos, acompañados por nuestros propios pensamientos y capaces de disfrutar de ese tiempo. También podemos encontrarnos rodeados de personas y sentir una profunda soledad.
La soledad no depende únicamente de cuántas personas tengamos alrededor. Tiene que ver también con la relación que mantenemos con nosotros mismos y con la posibilidad de sentir que seguimos siendo alguien para el otro incluso cuando el otro no está presente.
Por eso, para algunas personas la ausencia de compañía puede vivirse de una manera especialmente intensa. No se trata simplemente de echar de menos a alguien, sino de experimentar la distancia como una pérdida, un vacío o incluso como una sensación de no ser importante para nadie.
¿Qué aparece cuando no está el otro?
La presencia de los demás ocupa un lugar importante en nuestra vida psíquica. Las conversaciones, los mensajes, las responsabilidades y los encuentros organizan buena parte de nuestro día y nos mantienen orientados hacia el exterior.
Cuando ese movimiento se detiene, puede quedar espacio para pensamientos y sentimientos que habitualmente permanecen en segundo plano. Pueden aparecer preocupaciones, recuerdos, deseos, inseguridades o preguntas que no siempre resulta fácil escuchar.
A veces, estar constantemente ocupado o acompañado permite mantener cierta distancia de aquello que resulta más difícil de afrontar. No necesariamente de forma consciente. Simplemente, mientras estamos pendientes de alguien o de algo, prestamos menos atención a lo que sucede dentro de nosotros.
Por eso, la dificultad para estar solo puede tener que ver, en algunos casos, con la dificultad para encontrarse con determinados aspectos de uno mismo.
La necesidad de sentirse acompañado
Necesitar a los demás forma parte de la experiencia humana. No hay nada problemático en desear compañía, buscar afecto o disfrutar de una relación cercana.
La dificultad aparece cuando la presencia del otro se convierte en una condición necesaria para sentirse bien, tranquilo o incluso valioso. Entonces, una separación pequeña puede despertar una preocupación desproporcionada, y el silencio del otro puede interpretarse como distancia, rechazo o falta de interés.
En estas situaciones, puede resultar difícil distinguir entre echar de menos a alguien y necesitar que ese alguien esté presente para poder sentirse seguro.
También puede ocurrir que una persona permanezca en relaciones que ya no desea porque la alternativa —estar sola— resulta todavía más angustiante. En ese caso, la relación no se mantiene únicamente por lo que aporta, sino también por aquello que permite evitar.
Cuando estar solo se confunde con ser abandonado
Para algunas personas, estar solas puede despertar sentimientos que tienen poco que ver con la situación presente. Una tarde sin planes puede sentirse como rechazo; una pareja que necesita espacio puede vivirse como una señal de desamor; una separación puede despertar la sensación de no ser suficiente.
Cuando ocurre esto, la ausencia del otro adquiere un significado que va más allá de la ausencia misma.
Puede ser difícil tolerar que alguien se aleje temporalmente y, al mismo tiempo, conservar la sensación de que el vínculo continúa existiendo. La distancia puede sentirse como una amenaza a la relación en lugar de como una parte natural de ella.
Aprender a estar solo implica también poder experimentar esa distancia sin sentir que todo lo que existe entre uno mismo y los demás desaparece cuando el otro no está.
La dificultad para saber qué se quiere
Estar siempre pendiente de los demás también puede hacer más difícil reconocer los propios deseos.
Cuando gran parte de nuestra atención está dirigida hacia lo que necesitan los demás, hacia sus expectativas o hacia cómo nos ven, puede resultar complicado preguntarnos qué queremos nosotros cuando nadie está esperando una respuesta.
Esto puede hacerse especialmente evidente en momentos de cambio: después de una ruptura, al terminar una etapa laboral, cuando los hijos crecen o cuando disminuyen las obligaciones que durante mucho tiempo han organizado nuestra vida.
De repente aparece una pregunta que puede resultar incómoda: ¿qué quiero yo cuando no estoy respondiendo a las necesidades de otra persona?
Estar solo también puede ser una forma de encontrarse
La posibilidad de estar solo no significa dejar de necesitar a los demás. Al contrario, poder tolerar cierta distancia puede permitir que las relaciones se vivan de una manera menos dependiente.
Cuando no necesitamos constantemente la presencia del otro para sentirnos seguros, podemos acercarnos a él porque lo deseamos y no únicamente porque tememos su ausencia.
Estar solo puede convertirse entonces en un espacio en el que aparecen pensamientos, deseos e intereses propios. Un espacio en el que no es necesario adaptarse inmediatamente a las expectativas de otra persona y en el que podemos descubrir aspectos de nosotros mismos que quedan menos visibles en la relación con los demás.
No se trata de aprender a estar solo a cualquier precio
No todas las personas necesitan el mismo grado de compañía ni todas las formas de soledad son iguales. Tampoco se trata de convertir la independencia en un ideal y considerar que necesitar a los demás es una debilidad.
Somos seres profundamente vinculados. Necesitamos relaciones, afecto y reconocimiento. La cuestión no es dejar de necesitar a los demás, sino poder mantener esos vínculos sin sentir que nuestra estabilidad depende por completo de su presencia.
La posibilidad de estar solo puede convivir con el deseo de estar acompañado. De hecho, cuando ambas cosas pueden coexistir, la relación con los demás puede adquirir mayor libertad.
Comprender qué hace tan difícil la soledad
Cuando estar solo resulta especialmente angustiante, puede ser útil preguntarse qué significa realmente esa experiencia para nosotros. No solo qué hacemos cuando estamos solos, sino qué sentimos, qué imaginamos que ocurre con los demás y qué lugar ocupamos nosotros mismos cuando no estamos en relación con alguien.
En ocasiones, detrás de la necesidad constante de compañía puede haber un miedo al abandono. En otras, una dificultad para reconocer los propios deseos, una sensación de vacío o una relación exigente con uno mismo.
Comprender de dónde viene esa dificultad puede permitir que la soledad deje de vivirse únicamente como algo que hay que evitar y pueda convertirse, poco a poco, en una experiencia diferente.
Cuando estar solo resulta difícil
Si te cuesta estar solo, sientes ansiedad cuando no estás acompañado o necesitas constantemente la presencia de los demás para sentirte bien, la terapia puede ayudarte a comprender qué significa para ti la soledad y qué aparece cuando estás contigo mismo.
Explorar estas experiencias puede permitirte construir una relación más segura tanto con los demás como contigo mismo.
Sesiones disponibles en Madrid o en línea.