La terapia online es una terapia en formato digital que se utiliza en situaciones especiales donde la persona no puede acudir a la consulta, como ocurre ahora debido al confinamiento.
Es importante tener en cuenta ciertos puntos para qué se respete el encuadre de la terapia. De este modo la terapia online puede ser igual de efectiva que la presencial. Para asegurarnos de su eficacia es importante que se respeten los siguientes puntos:
Mantén el mismo día y la misma hora todas las semanas para tu cita
Busca un lugar tranquilo en casa donde sepas que no vas a ser interrumpido y trata de hacer todas las sesiones en el mismo lugar. Es importante que sientas tranquilidad y privacidad en el espacio en el que estás.
Asegúrate de tener buena conexión.
No comas, fumes ni bebas durante la hora de terapia
Intenta bloquear todo lo que pueda distraerte como el móvil los mensajes y las redes sociales
Al principio será algo distinto, pero enseguida te acostumbrarás
La terapia online es una gran alternativa para la situación que vivimos ahora. No dejes hacer terapia si lo necesitas
La personalidad es un patrón permanente de comportamiento que se compone de nuestras emociones, nuestros pensamientos, nuestra manera de relacionarnos y nuestros impulsos.
¿Se hereda?
Se cree que la inteligencia se hereda en un 50%, es decir, un 50% de nuestra inteligencia se debe a nuestros genes, mientras que el otro 50% se debe a nuestras experiencias y a cómo nos educan. Nuestra personalidad por el contrario se hereda aproximadamente en un 40%. Es decir, se estima que nuestra personalidad es como es por causas genéticas en un 40%, mientras que el otro 60% se debe a cómo nos han criado y a lo que hemos vivido. Además, la personalidad tiene varios componentes y cada cual se hereda en mayor o menor medida. Se dice que la faceta de la personalidad que más influida está por los genes es la extroversión (se hereda en un 50%), mientras que la amabilidad sería la que menos (un 32% se debe a nuestros genes).
¿Qué tipos hay?
La personalidad se ha clasificado de múltiples maneras, y no se ha llegado a establecer una clasificación única. Esto demuestra lo diferentes que podemos llegar a ser las personas respecto a nuestro carácter. Si se ha llegado al consenso de ciertos componentes que están presentes en mayor o menor medida en todos nosotros. Estos serían los llamados Big 5: neuroticismo, extraversión, apertura a la experiencia, amabilidad y responsabilidad.
A nivel social está extendida la creencia de que por ejemplo, las personalidad extrovertida es mejor que la introvertida. Nos imaginamos a las personas extrovertidas riendo con muchos amigos, y a las introvertidas tranquilas estando solas en casa. Sin embargo una persona extrovertida puede tener muchos amigos y aún así sentirse sola, y una persona introvertida puede tener pocos amigos pero sentirse muy acompañada y apoyada por ellos. Por eso lo importante no es cómo es nuestra personalidad, sino lo que hacemos con ella, y cómo la integramos en nuestro día a día.
Es decir, lo bueno de la personalidad es que no hay una mejor que otra. Todas las personalidades tienen características positivas y negativas dependiendo del contexto. Por ello es útil identificar nuestras características positivas y tratar de potenciarlas.
¿Cambia nuestra personalidad a lo largo del tiempo?
Una de las características de la personalidad es que se mantiene estable. No obstante los componentes de nuestra personalidad van variando en cantidad con el paso del tiempo. Por ejemplo con el paso del tiempo nos volvemos más amables y responsables, y cuando somos jóvenes nos mostramos más extrovertidos y abiertos a nuevas experiencias.
Por ello, aunque la personalidad tenga ciertas características permanentes podemos tratar de potenciar aquellas que nos ayudan en nuestro día a día y disminuir aquellas que nos producen malestar.
Después de semanas de confinamiento, volver a la rutina a la que estábamos acostumbrados antes supone un reto. Por eso es importante realizar el proceso de descalcada de un modo progresivo, que permita darnos tiempo para ir adaptándonos a la nueva normalidad. Existen varios puntos a tener en cuenta que pueden ayudarte a afrontar la desescalada.
Afronta el miedo gradualmente. Tras semanas de encierro y aislamiento salir y exponerse al mundo exterior genera incertidumbre y ansiedad. La manera de hacerlo es exponiéndote de un modo gradual, respetando tu ritmo y planificando rutas familiares que te han sentir cómodo. Poco a poco puedes ir aumentando el tiempo que pasas fuera de casa, y la frecuencia de los paseos.
Reconoce el esfuerzo emocional de la situación. Volver a la normalidad es un proceso duro emocionalmente que puede generar frustración y estrés. Darte un tiempo para realizar las tareas y no te castigues si no te da tiempo a realizar todo lo que te habías propuesto para el día. Sé comprensivo con la situación y con el esfuerzo emocional que supone.
Mantente informado y sé flexible. Trata de recurrir a fuentes fiables para estar actualizado con las novedades diarias y las precauciones necesarias. Intenta adaptarte a la situación de cada día, flexibilizando tu expectativas. De este modo la sensación de frustración y de ansiedad serán menos intensas.
Expresa tus emociones negativas. Comparte con tu familia y amigos cómo te sientes. Además de sentirte escuchado y de poder exteriorizar lo que sientes, te sentirás acompañado en el miedo y el estrés que surgen en un periodo de adaptación como el que estamos atravesando.
Pide ayuda si la necesitas. Si sientes que el estrés o el miedo son muy intensos pide ayuda a un profesional. La terapia psicológica puede ayudarte a entender y disminuir estas emociones.
El miedo a enfermar es el malestar generado por la creencia de que tenemos o que tendremos en un futuro un enfermedad grave o terminal. En muchos casos esta enfermedad es el cáncer, pero pueden ser otras. Esta creencia genera mucho malestar en la persona, llegando a afectarla en su capacidad para hacer una vida normal.
La ansiedad por enfermar surge de unas creencias o «supuestos» que vamos adquiriendo en nuestra infancia y que se disparan tras un incidente crítico, como puede ser la muerte de un ser querido, o un momento de crisis laboral o de pareja que nos genera mucho malestar. Estas creencias son por ejemplo «los síntomas corporales son una señal de que algo va mal, debería poder encontrar siempre una explicación a mis síntomas».
Las creencias disfuncionales disparan los pensamientos automáticos negativos. Un ejemplo de pensamiento automático negativo sería «Podría tener un tumor cerebral» «no le dije al médico que he perdido algo de peso» «Puede ser demasiado tarde»
Las consecuencias de este miedo se manifiestan con comportamientos como autoinspecciones para ver si ha salido un bulto, búsqueda de información en internet, visitas frecuentes al médico para hacerse chequeos, preocupación constante por la enfermedad, observación de los cambios corporales, y focalización de la atención en el cuerpo. Esto genera en la persona ansiedad, depresión, y alteraciones del sueño y del apetito.
El miedo a enfermar genera mucho malestar y puede volverse crónico si no se realiza una intervención lo antes posible. Para combatirla se utilizan técnicas de eficacia probada como la exposición la psicoeducación y la reestructuración cognitiva. Llámanos, podemos ayudarte Contacto
La vida de nuestros hijos muchas veces puede verse afectada por un suceso difícil o traumático a pesar de los esfuerzos por parte de padres y profesores de protegerlos. En la situación sanitaria actual nuestros hijos pueden verse expuestos a circunstancias difíciles como estar mucho tiempo en casa apartados de su rutina, o pueden vivir la enfermedad y el fallecimiento de algún ser querido. En lugar de intentar proteger a nuestros hijos de todos los peligros es bueno que los adultos puedan comunicarles lo que está sucediendo.
Esta conversación no parece fácil, pero poder hablar de lo que sucede de un modo apropiado para su edad ayuda a los niños sentirse más seguros y tenidos en cuenta.
Aunque los adultos intenten evitar hablar de temas delicados, los niños muchas veces escuchan o saben que algo triste ha sucedido. Si los adultos no hablan de ello el niño puede sobreestimar lo que está ocurriendo o no entender el silencio de los adultos. Por eso es importante que el adulto saque el tema. Cuando el adulto es comunicativo, su hijo entiende que puede recurrir a él y se siente apoyado.
Guía para la conversación
Piensa lo que quieres decir. Está bien practicar solo o con otro adulto lo que quieres comunicar a tu hijo. Planificar la conversación puede hace que resulte más fácil ponerla en práctica.
Busca un momento tranquilo. Busca un momento en que puedes dedicarle toda la atención a tu hijo, por ejemplo, después de cenar.
Averigua qué es lo que saben. Por ejemplo, tal vez han escuchado algo de una epidemia o que el abuelo está en el hospital. Pregúntales si han oído hablar del tema y escucha lo que te dicen.
Comparte tus emociones con tu hijo. Es bueno reconocer tus emociones frente a tu hijo. Esto le da la oportunidad de ver que, aunque la situación te afecta, puedes sobrellevarla y seguir adelante. Puedes ser un ejemplo a nivel emocional para tus hijos.
Sé sincero. Habla de los hechos con tu hijo de modo claro que pueda entender, pero no des detalles gráficos. Para los niños pequeños puede que tengas que hablar sobre qué significa la muerte. La muerte significa no sentir más, no tener hambre, no tener con miedo. Nunca veremos a la persona de nuevo, pero tenemos los recuerdos en nuestros corazones y nuestra memoria. Responde que “no lo sabes” sin realmente no sabes la respuesta a una pregunta que te plantee.
Y sobre todo reasegura. Al final de la conversación reasegura tu hijo de que haces lo posible para mantenerle seguro y para cuidarlo. Reasegúrale que estás ahí para resolver cualquier pregunta que pueda tener. Reasegurarle que le quieres
Cuídate
Pasar por una situación traumática o de noticias difíciles es muy estresante por lo que es importante que dediques un tiempo también a cuidarte.
Descansa de las noticias
Date un respiro
Haz alguna actividad física
Realiza alguna actividad con tu familia
Busca ayuda profesional
Estos consejos y estrategias que te ofrecemos pueden servir de guía para ti y para tus hijos en la situación sanitaria actual. No obstante, si te sientes atascado o abrumado o sí tu hijo presenta signos de estrés o de agitación puedes considerar ofrecer a tu hijo ayuda profesional. Un psicólogo puede ayudarle a desarrollar estrategias para afrontar la situación y seguir adelante.
La constante introducción de nueva información respecto al COVID-19 y su expansión está creando cada vez más ansiedad entre la población. Estos son algunos consejos que pueden ayudarte a manejar la ansiedad, a poner la nueva información en perspectiva y a mantener una visión positiva de la situación:
Trata de mantener una perspectiva racional. Respira profundo y recuérdate a ti mismo que la mayor parte de las personas que contraen el virus solo manifiestan síntomas ligeros. Además, se está realizando un gran esfuerzo a nivel sanitario para atender a las personas vulnerables como son los ciudadanos mayores y las personas con condiciones médicas especiales. Mientras aumentan el esfuerzo sanitario es importante que mantengas las precauciones necesarias para mantener a tus familiares y seres queridos sanos.
Infórmate de los hechos. Tener una visión objetiva y analítica de las noticias sobre el coronavirus ayuda a reducir la ansiedad. Recuerda verificar la información que viene de tu familia, de tus amigos o redes sociales. Existen páginas oficiales del Gobierno que pueden darte información sobre los datos objetivos. https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/ciudadania.htm
Comunícate con tus hijos. Habla con tus hijos de las noticias del coronavirus de un modo honesto y ajustado su edad. Los padres pueden ayudar a bajar el estrés centrándose en mantener una rutina para sus hijos y tratando de generar unos horarios. Recuerda que los niños observan las emociones y los comportamientos de los adultos para aprender a manejar sus propias emociones. Igualmente regular el tiempo que están expuestos las noticias ayuda a no sobrecargarles y a reducir la sensación de ansiedad.
Mantente conectado. Mantener relaciones sociales y estar conectado puede ayudar a mantener una sensación de normalidad. Además, es una manera de liberar la carga emocional y el estrés que estás viviendo ahora. Puedes mantener estas conexiones a través de diversas plataformas que permiten la comunicación telemática incluso en grupo. Además, puedes ofrecer ayuda a tus amigos escuchando cómo se sienten y ayudándoles a entender que es normal sentirse estresado una situación como la actual.
Pide ayuda. Las personas que sienten estés prolongado, una tristeza excesiva o una reacción emocional adversa pueden sufrir consecuencias que afecten a su trabajo y a sus relaciones personales. Si te sientes abrumado o sobrecargado por tus emociones es importante que busques ayuda profesional. Los psicólogos pueden ayudarte a manejar la ansiedad y a encontrar maneras constructivas de manejar la adversidad.
Desde la psicología muchas veces olvidamos estudiar qué procesos hacen que nos enamoremos. Solemos dar por sentado que el enamoramiento se produce por una cuestión de atracción física o de puntos en común entre dos personas. No obstante, existen muchos otros factores que hacen que sintamos que hemos encontrado a nuestra media naranja.
Los atributos de la pasión, según Aron (psicólogo experto en el estudio de las relaciones de pareja), son los siguientes:
Similaridad. Si pensamos de manera parecida a la otra persona, tenemos rasgos de personalidad afines y compartimos un sistema de valores similar nos sentiremos más atraídos por ella. Un estudio llevado a cabo por Zeki en su artículo «La Neurobiología del Amor» demuestra que unos niveles bajos de serotonina (el neurotransmisor de la felicidad) en nuestro cerebro, son contrarrestados por la similitud y familiaridad que sentimos hacia una persona. Además, se ha demostrado que si estos niveles de serotonina aumentan durante el inicio de una relación amorosa se fomenta el apego romántico y la vinculación en la pareja.
Cercanía o afinidad. Es decir, que la otra persona nos resulte familiar. Existe un efecto denominado «mera exposición» que demuestra que sentimos más cercanía y afecto positivo hacia una persona u objeto a medida que pasamos tiempo con él. Esto ocurre por ejemplo con las canciones de la radio. Puede que en un principio no te guste una canción, pero después de haberla escuchado veinte veces en la radio te apetece cantarla y hasta te sabes la letra. Con las personas el efecto de «mera exposición» se produce cuando pasamos tiempo juntos, vivimos cerca, trabajamos juntos y nos cruzamos frecuentemente, por lo que la presencia del otro se vuelve agradable y familiar. Además, otra característica interesante del amor es que una proximidad sentida a un nuevo amante crea niveles más altos de la recompensa y la motivación química de la dopamina, mientras que la distancia puede conducir a que estos se reduzcan.
Apariencia y cualidades que nos resultan deseables. El físico en la atracción es muy importante, sobre todo si la persona tiene cualidades que a nosotros nos resulten especialmente atractivas. Este punto es el que más influye a la hora de sentir atracción física hacia alguien, pero no hay que olvidar que no es el único responsable de que sintamos pasión hacia esa persona.
Atracción mutua. Sentir que la otra persona se siente atraída por ti hace que inconscientemente te guste más. Es decir, la reciprocidad de las emociones experimentadas hace que sintamos más intensamente nuestra atracción hacia la otra persona. No hay que olvidar que a veces confundimos la pasión con otras emociones fuertes que tienen un efecto activador en nuestro cerebro como la ansiedad o el miedo. Por ejemplo, el sentimiento de aumento de los niveles de adrenalina se confunde a veces con un sentimiento de estar enamorado de una persona. En su famoso experimento Dutton y Aron (1974) descubrieron que más hombres se enamoraban de una atractiva entrevistadora cuando le hacían preguntas en situaciones de ansiedad (un puente de suspensión que despertaba miedo) en comparación con situaciones tranquilas. Por lo tanto, incluso en la ausencia de la mayoría de los otros factores de la aparición de la pasión, encontrar a alguien en una situación de ansiedad puede provocar que nos enamoramos de esa persona.
Además de sentir pasión, a largo plazo existen otros factores que influyen en que la atracción vaya más allá y nos enamoremos de esa persona. Estos factores son los siguientes:
Influencia social. Una unión potencial que satisface las normas sociales generales, así como la aceptación de la posible unión dentro de la red social, puede contribuir a que las personas se enamoren. Por el contrario, una unión que no satisface las normas sociales generales o que no es aceptada por la red social, puede resultar en que la gente se caiga del amor.
Satisfacción de necesidades. Si una persona puede satisfacer las necesidades de compañerismo, amor, o sexo hay una mayor probabilidad de que la otra persona se enamore de él o ella.
Estos factores influyen en la fuerza de nuestra relación de pareja. Entrar en una relación comprometida requiere renunciar a parte de nuestra autonomía personal incluyendo a la otra persona en nuestra vida. Si la otra persona posee características deseables, su presencia en nuestra vida puede ser percibida como una parte que nos hace sentirnos más completos, en lugar de sentirlo como una pérdida de libertad (Aron & Aron, 1996).
Referencias:
Acevedo, B P.; Aron, A. (2009). Does a long-term relationship kill romantic love? Review of General Psychology, Vol 13(1), 59-65.
Aron, A & Aron, EN. (1986). Love and the Expansion of Self: Understanding Attraction and Satisfaction, New York, NY, US: Hemisphere Publishing Corp/Harper & Row.
Aron, EN & Aron, A. (1996) “Love and Expansion of the Self: The State of the Model”, Personal Relationships 3, 1: 45–58
Dutton, D. G., Aron, A. P. (1974). Some evidence for heightened sexual attraction under conditions of high anxiety. Journal of Personality and Social Psychology, Vol. 30, No. 4, 510-517. doi : 10.1037/h0037031
Zeki S. «The Neurobilogy of Love» (2007) Jun 12;581(14):2575-9. Epub 2007 May 8. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/17531984
“Se niegan así (con la medicación) las variaciones subjetivas, los conflictos subyacentes, las estructuras sobre las que emerge el cuadro sintomático. El diagnóstico equipara y el tratamiento certifica el destierro de una escucha para el malestar del niño y el entorno familiar.” (Sammartino, 2007)
¿Por qué se le otorga tanta importancia a la medicación?
La medicación responde a la concepción del cuerpo como máquina, la cual ha de funcionar del modo “adecuado”. Para conseguir este funcionamiento se confía en la ayuda externa, es decir, en la administración de pastillas. Al intentar conseguir este efecto milagroso por el cual todo malestar desaparece con un simple gesto (ingerir una pastilla), se obvian los factores socio-culturales del TDAH, así como la historia del sujeto, la dinámica familiar y las circunstancias que rodean al niño. En la intervención es imprescindible no apoyarse únicamente en la medicación, ya que los factores socio-culturales juegan un papel decisivo en el trastorno, el cual está íntimamente relacionado con lo que se considera patológico en cada lugar y época (Janin, 2012). Un ejemplo de esta dependencia socio-cultural del diagnóstico de TDAH se aprecia en diversos estudios transculturales. En Brasil, en 2003 se consideraba que el 17,1% de la población infantil tenía TDAH (Vasconcelos, 2003), mientras que en Bogotá, la cifra ascendía a 31% en 2005 (Talero Gutiérrez, 2005). Ambos estudios muestran que la idea de hiperactividad se asocia a la infancia, y que su consideración cambia en las distintas culturas. La manera en la que se educa a los niños influye en su comportamiento en los distintos grupos sociales. Así mismo, la percepción de la desatención e hiperactividad depende mucho de la escuela, ya que en algunas escuelas el porcentaje de niños con TDAH es significativamente mayor que en otras (Janin, 2012).
La medicación sirve para tratar a los niños considerados como “oposicionistas” a lo social, y así evitar preguntarse qué ha fallado. No se cuestiona cómo se transmiten las normas en la actualidad, ni la implicación de los adultos en el desarrollo de los niños. De acuerdo con Janin (2012), se podría plantear que el adulto no ocupa su lugar como el que dicta las normas en el entorno familiar, o que los niños se sienten desamparados por el falso poder que han recibido debido a la falta de normas claras. Estas son hipótesis y preguntas que surgen gracias al síntoma, y quedan obturadas si este es apagado repentinamente con la medicación. A través de la medicación se consigue una solución al problema rápida y eficaz. Sin embargo a través del cuestionamiento y el trabajo con los padres se podría conseguir un resultado más sólido y duradero. Con la medicación «milagrosa» se fomenta a su vez la conducta patológica del niño, ya que se promueve actuar sin dar tiempo a pensar, a no poder esperar, y a exigir una solución con urgencia. Desde la consulta se podría interpretar el uso de pastillas como la necesidad de llenar un vacío que el niño ha colmado con su hiperactividad. Por esta razón, y cómo se ha mencionado anteriormente, la medicación es recomendable sólo si los síntomas impiden el acceso al niño. La función de la medicación en este caso sería la de rebajar temporalmente la hiperactividad y así poder empezar la cura (Janin, 2012). Los niños en la sociedad actual parecen avocados a intentar llenar un vacío, ya sea con objetos o con desbordes motrices. Si el vacío no consigue llenarse, los niños se vuelven abúlicos y apáticos, expresando lo contrario a la vitalidad característica de la imagen de la infancia actual. La abulia y la apatía son las características de los niños «desatentos» de hoy. Por este motivo se mete en un mismo saco a los inquietos, a los tímidos y a los tristes. Todos pueden ser variables de TDAH, y la medicación es el conducto para adaptarse a las normas sociales de hoy en día: ser buen estudiante tener buen comportamiento (Janin, 2012).
Recientemente, la psicóloga Marilyn Wedge (2012) publicó un estudió sorprendente en el cual revelaba que en Francia el TDAH tiene una prevalencia mucho menor que en Estados Unidos. «Mientras en Estados Unidos alrededor del 9% de los escolares han sido diagnosticados con Trastorno de Déficit Atencional con Hiperactividad (TDAH) y en Chile alrededor de un 5%, en Francia apenas un 0,5%.» (Wedge,2012). Se cree que el buen pronóstico de los niños franceses se debe sobre todo al uso de una terapia psicosocial, donde se considera al niño como sujeto, y se trata de cambiar su contexto. A su vez, trata de minimizarse el uso de medicación. En el caso del diagnóstico «desubjetivizante», los niños quedan marcados para siempre en un momento crítico del desarrollo, influyendo en su constitución psíquica. Debemos plantearnos la responsabilidad de los profesionales con los niños. El etiquetar a los niños les impide construir su narcisismo e investir libidinalmente al mundo, ya que su lugar lo ocupa su «trastorno». «En lugar de la esperanza, en lugar de ser alguien que va desplegando potencialidades, se es deficitario de entrada” (Janin, 2012). Al no escuchar al niño, este se ve obligado a comunicar su malestar a través de su movimiento. Si se atribuye su síntoma a causas neurológicas se elimina toda posibilidad de comunicación del niño. Por lo tanto, un niño triste no tratará de preguntarse qué le ocurre ni qué duelos está tramitando, sino que intentará dejar de estarlo con la mayor celeridad posible, para no cargar a los adultos (Janin, 2007).
Sammartino, M.E., (2007), La hiperactividad infantil como un signo de los tiempos Intercambios-Papeles de Psicoanálisis, 19 pp. 53–61 http://intercanvis.es/pdf/19/19-05.pdf
Talero Gutiérrez, C., Espinosa Bode,
A., Vélez Van Meerbeeke, A. (2005): “Trastorno de Atención en las Escuelas
Públicas de una localidad de Bogotá: percepción de los maestros”; Rev. Fac. Med., Bogotá, Vol 53,
nº4:212-218).
Vasconcelos M.M., Werner J. Jr, Malheiros A.F., Lima
D.F., Santos I.S., Barbosa J.B. (2003): “Attention
deficit/hyperactivity disorder prevalence in an inner city elementary school”; Arquivos de Neuro-Psiquiatria, São
Paulo, vol.61, nº1: 67-73
El apego es un concepto que está muy presente en la sociedad
actual. Pero, ¿qué es el apego realmente?
El
apego es un sistema innato que evoluciona según emociones y recuerdos asociados
a las figuras protectoras significativas. Estas experiencias con crean la base
sobre la que se desarrolla la mente. El apego es una representación interna del
vínculo del bebé con su figura protectora.
Cómo se desarrolla el apego es fundamental, ya que afecta a la persona durante toda la vida. De adulto el sujeto repite, y trata a los demás cómo él ha sido tratado. Quiere a los demás y se quiere a sí mismo cómo ha sido querido.
El
psicólogo inglés, John Bowlby fue el primero en estudiar y desarrollar la
noción de apego a principios del siglo XX. Observó la comunicación , la
conducta y la relación emocional entre padres e hijos. Se dio cuenta de que el
apego se desarrolla desde muy temprana edad.
Desde
que nace hasta que cumple seis meses el bebé no diferencia a sus figuras
protectoras. Esta fase se denomina apego
indiferenciado. Es a partir de los 6 meses que empieza a diferenciar a su
madre y padre del resto de figuras. Esta fase se denomina apego específico. En ella el bebé desarrolla angustia ante
el extraño, demostrando una clara preferencia por sus figuras de apego.
En
1945 la investigadora Mary Ainsworth estudió el apego y la manera en la que se
expresaba en niños pequeños. Para ello creó lo que llamó «Situación
extraña». Esta consistía en dejar al niño con su madre en una habitación
junto con un extraño. Pasados unos minutos la madre abandonaba la habitación, y
tras un periodo de tiempo regresaba a la habitación. Ainsworth observó cómo
reaccionaban los niños tanto a la ausencia de su madre como a su regreso.
Gracias a estas observaciones clasificó el apego en varios tipos:
Apego Seguro. Los progenitores están disponibles
emocionalmente. Este tipo de apego se observó en el 60% de los niños
Apego Inseguro. Dentro del apego existen dos
subtipos
Apego
Evitativo. Los progenitores no están disponibles o el niño siente rechazo. Se
da en el 30% de los niños
Apego
Ambivalente/Resistente. Los progenitores están disponibles, pero de manera
incoherente. Se da en el 10% de los niños.
Apego Desorganizado. E este tipo de apego los
progenitores tienen una comunicación temerosa. Se observó en el 10% de los
niños
La adicción al tabaco es una de las más extendidas en nuestra sociedad. La nicotina genera en nosotros una sensación de bienestar, por eso resulta tan fácil engancharse desde el primer cigarrillo. Además, el reforzamiento social y la presión de grupo son una de las principales causas por las que empezamos a fumar.
Dejar de fumar resulta difícil no solo por los efectos euforizantes del tabaco, sino también por los efectos desagradables que sentimos cuando tratamos de dejarlo. Es por estos síntomas que nos resulta fácil recaer en el tabaco después de haber estado unos días sin fumar.
Para vencer el hábito de fumar existen muchas técnicas que resultan eficaces. Te proponemos 5 consejos útiles para dejar el tabaco:
Ponte una fecha límite para dejar de fumar. Elegir una fecha definitiva te ayudará a sentirte motivado, ya que tendrás un plazo límite concreto en el que apoyarte. Para que sea más fácil cumplir tu objetivo en esa fecha límite puedes ir dejándolo progresivamente unos días antes. Además, comentar tu objetivo con tu familia y amigos hará que te sientas más apoyado y comprometido con tu decisión. Además, para sentirte aún más motivado puedes registrar los cigarrillos que fumas cada día antes de ese plazo límite y calcular cuanto dinero llevas gastado todo este tiempo en tabaco. Dejar de fumar te ayudará a sentirte mejor, a tener buena salud y a no sentir dependencia, y al mismo tiempo te hará ahorrar y poder permitirte algún capricho en el futuro.
Observa tu conducta. ¿En qué momentos del día fumas? ¿En que lugares? Entender qué situaciones y momentos asociamos con el tabaco nos ayuda a saber qué nos incita a fumar. Por ejemplo, a veces podemos asociar el tabaco al hecho de tomar un café por la mañana, a quedar con un amigo que también fuma o a esperar el autobús en la parada. Identificar lo que te incita a fumar te ayudará a reconocer las sensaciones que asocias a la nicotina, y así podrás aprender a manejarlas de un modo alternativo. Por ejemplo, puedes tomar té para desayunar en lugar de café, salir a caminar en lugar de quedarte en casa, o incluso comer a una hora distinta o en un lugar diferente. Cambiar tus rutinas ayudará a que tu mente se libere de la asociación que hace del momento del día con el tabaco.
Practica el autocontrol. El autocontrol consiste en buscar estrategias que cambien tu entorno para que así te sea más fácil dejar el hábito de fumar. Por ejemplo, puedes no dejar las cajetillas en un lugar visible, o puedes sentarte en el interior de los bares en lugar de en las terrazas. Trata de no comprar más cajetillas y de sustituir los cigarrillos que te quedan por chicles o caramelos, así, al tenerlos a mano, los podrás tomar en su lugar.
Cree en ti mismo. Es importante que sientas que eres capaz de dejar de fumar, y que estés seguro de tu capacidad para superar la adicción. La autoeficacia es la confianza que tienes en tus habilidades para lidiar con las diferentes situaciones que se presentan. Afecta a la manera de sentirte capaz de afrontar y lograr un objetivo o tarea, y es determinante para conseguir o no las metas en tu vida. Por ejemplo, es más probable que estudie ese examen de matemáticas si creo que puedo aprobarlo. De esta manera, las personas estarán más motivadas si perciben que sus acciones pueden ser eficaces, esto es, si hay la convicción de que tienen las habilidades personales que les permitan regular sus acciones. Las investigaciones han demostrado que la autoeficacia de cada individuo juega en un papel importante a la hora de afrontar una meta, tarea o desafío.
Por último, cuenta con el apoyo de tu psicólogo. Para dejar de fumar se requiere tiempo, paciencia y ayuda terapéutica. Además, el trabajo en grupo con otras personas que están dejando el tabaco al mismo tiempo que nosotros nos ayuda a sentirnos acompañados y motivados en el proceso, por lo que tiene un efecto muy positivo. Dejar de fumar se consigue cambiando un hábito que está muy instaurado en nosotros, y para ello muchas veces necesitamos ayuda de un profesional.
En definitiva, dejar de fumar es posible con la motivación y ayuda adecuadas. Es fundamental que cuentes con el apoyo de tu familia y de tus amigos, así como de un terapeuta que te guíe en este proceso. El autocontrol, las habilidades de afrontamiento y las habilidades sociales son técnicas de gran ayuda para superar la adicción y comenzar una nueva vida. Pero recuerda, lo más importante es que te digas a ti mismo “quiero dejar de fumar” y que te comprometas con ello. Sabes que lo puedes conseguir.