Hoy en día muchas personas sienten de ansiedad, depresión, baja autoestima y llevan tiempo sufriendo y sobrellevando estas emociones. Muchas de ellas han sido capaces de dar el paso de pedir ayuda y acudir a un psicólogo, pero hay otras personas que sienten cierto temor a dar ese paso.
Este temor en parte viene de ciertos prejuicios que existen hacia pedir ayuda de un profesional de la salud mental. Algunas personas asocian ir al psicólogo con el miedo a sentirse juzgados y a pensar que pueden estar locos. También pueden sentir reparo a hablar con extraño sobre su vida o pueden pensar que ir al psicólogo es como hablar con un amigo. Detrás de estas afirmaciones se encuentran temores, prejuicios y falsos mitos que es importante derribar.
Ir al psicólogo es para personas que están pasando por un mal momento o que quieren conocerse mejor. Ir al psicólogo ayuda a enfrentar momentos de ansiedad o depresión por los que puede atravesar cualquier persona. ir a terapia es pedir ayuda a un profesional igual que hacemos cuando por ejemplo tenemos fiebre.
El psicólogo es una persona que está ahí para escucharte y que no te va a juzgar. Su objetivo es ofrecer un espacio seguro donde puedas hablar de aquello que quieras o te preocupe, sabiendo que no vas a ser juzgado y que la información que compartes no va a salir de la consulta. El psicólogo como profesional va a centrarse en escucharte y ayudarte en lo que te pasa para ofrecerte el tratamiento más adecuado.
Pedir ayuda es signo de fortaleza. Recurrir al psicólogo no significa que no eres capaz de salir de esto solo, sino que eres capaz de pedir ayuda cuando la necesitas. Al ir a terapia conseguirás tener más recursos para afrontar una situación difícil por la que estas atravesando.
Consejos para empezar la terapia:
Tómate un tiempo para elegir bien a un profesional con el que te sientas a gusto. Es importante que elijas a alguien que tenga buenas referencias y que además te transmita un sentimiento de confianza y de profesionalidad.
Acude al psicólogo por voluntad propia. Empieza tu terapia porque tú te sientes convencido de ello y por qué crees que es el momento para iniciarla.
Intenta no sentirte presionado por los demás y tomar la decisión porque te sientes motivado para ello. Date un tiempo para meditar y para ver si sientes que es el momento de empezar la terapia.
Ajusta tus expectativas y recuerda que la terapia es un proceso que lleva un tiempo y que requiere un esfuerzo.
Cuenta con el apoyo de tus seres queridos y pídeles consejo si sientes que necesitas ayuda para elegir a un profesional. Puedes hablar con ellos de las preguntas y miedos que puedes tener respecto empezar la terapia.
A veces sientes palpitaciones o has tenido dificultad para respirar de modo repentino? ¿Te ha ocurrido estando tranquilo en casa o justo cuando te vas a dormir? Estos pueden ser síntomas de una crisis de pánico. La ansiedad generalmente ocurre por acumulación de emociones que no has podido pararte a sentir o expresar, como puede ser frustración o tristeza. Aparee de modo repentino cuando el cuerpo ya no aguanta más y necesita expulsar todas las emociones dolorosas y tristes que has ido almacenando durante un largo periodo de tiempo. La ansiedad suele surgir por este motivo cuando estás más relajado o en entornos tranquilos como cuando te vas a dormir. También puede aparecer cuando realizas una actividad estresante, por ejemplo, estando en el trabajo o haciendo ejercicio.
Con la situación actual de confinamiento y desescalada hay un aumento de la sensación de incertidumbre y de falta de control, por lo que es esperable que haya un aumento en el número de personas que experimentan crisis de angustia.
¿Cómo saber si está sufriendo un ataque de ansiedad?
Según el manual diagnóstico DSM-5 los síntomas de una crisis de ansiedad son los siguientes:
Un ataque de pánico es la aparición súbita de miedo intenso o de malestar intenso que alcanza su máxima expresión en minutos y durante este tiempo se producen cuatro (o más) de los síntomas siguientes:
Palpitaciones, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardíaca.
Sudoración.
Temblor o sacudidas.
Sensación de dificultad para respirar o de asfixia.
Sensación de ahogo.
Dolor o molestias en el tórax.
Náuseas o malestar abdominal.
Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo.
Escalofríos o sensación de calor.
Parestesias (sensación de entumecimiento o de hormigueos).
Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (separarse de uno mismo).
Miedo a perder el control o de “volverse loco”.
Miedo a morir
Tener un ataque de ansiedad es una sensación muy desagradable que además asusta mucho porque no se entiende de dónde puede venir. A veces da la sensación de que puede ser algo médico y la persona puede tener miedo a tener algo grave o incluso a la muerte. Un ataque de ansiedad puede durar desde unos minutos hasta incluso horas, y cuanto más intenta la persona controlarlo más se agudizan los síntomas.
Si en alguna ocasión has sentido estos síntomas es importante que te pongas en contacto con un profesional de la salud y que acudas a una terapia psicológica que podrá ayudarte a entender e identificar las emociones que has ido acumulando durante mucho tiempo y que te han llevado a sentir ansiedad.
Fuentes: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition
La terapia online es una terapia en formato digital que se utiliza en situaciones especiales donde la persona no puede acudir a la consulta, como ocurre ahora debido al confinamiento.
Es importante tener en cuenta ciertos puntos para qué se respete el encuadre de la terapia. De este modo la terapia online puede ser igual de efectiva que la presencial. Para asegurarnos de su eficacia es importante que se respeten los siguientes puntos:
Mantén el mismo día y la misma hora todas las semanas para tu cita
Busca un lugar tranquilo en casa donde sepas que no vas a ser interrumpido y trata de hacer todas las sesiones en el mismo lugar. Es importante que sientas tranquilidad y privacidad en el espacio en el que estás.
Asegúrate de tener buena conexión.
No comas, fumes ni bebas durante la hora de terapia
Intenta bloquear todo lo que pueda distraerte como el móvil los mensajes y las redes sociales
Al principio será algo distinto, pero enseguida te acostumbrarás
La terapia online es una gran alternativa para la situación que vivimos ahora. No dejes hacer terapia si lo necesitas
La personalidad es un patrón permanente de comportamiento que se compone de nuestras emociones, nuestros pensamientos, nuestra manera de relacionarnos y nuestros impulsos.
¿Se hereda?
Se cree que la inteligencia se hereda en un 50%, es decir, un 50% de nuestra inteligencia se debe a nuestros genes, mientras que el otro 50% se debe a nuestras experiencias y a cómo nos educan. Nuestra personalidad por el contrario se hereda aproximadamente en un 40%. Es decir, se estima que nuestra personalidad es como es por causas genéticas en un 40%, mientras que el otro 60% se debe a cómo nos han criado y a lo que hemos vivido. Además, la personalidad tiene varios componentes y cada cual se hereda en mayor o menor medida. Se dice que la faceta de la personalidad que más influida está por los genes es la extroversión (se hereda en un 50%), mientras que la amabilidad sería la que menos (un 32% se debe a nuestros genes).
¿Qué tipos hay?
La personalidad se ha clasificado de múltiples maneras, y no se ha llegado a establecer una clasificación única. Esto demuestra lo diferentes que podemos llegar a ser las personas respecto a nuestro carácter. Si se ha llegado al consenso de ciertos componentes que están presentes en mayor o menor medida en todos nosotros. Estos serían los llamados Big 5: neuroticismo, extraversión, apertura a la experiencia, amabilidad y responsabilidad.
A nivel social está extendida la creencia de que por ejemplo, las personalidad extrovertida es mejor que la introvertida. Nos imaginamos a las personas extrovertidas riendo con muchos amigos, y a las introvertidas tranquilas estando solas en casa. Sin embargo una persona extrovertida puede tener muchos amigos y aún así sentirse sola, y una persona introvertida puede tener pocos amigos pero sentirse muy acompañada y apoyada por ellos. Por eso lo importante no es cómo es nuestra personalidad, sino lo que hacemos con ella, y cómo la integramos en nuestro día a día.
Es decir, lo bueno de la personalidad es que no hay una mejor que otra. Todas las personalidades tienen características positivas y negativas dependiendo del contexto. Por ello es útil identificar nuestras características positivas y tratar de potenciarlas.
¿Cambia nuestra personalidad a lo largo del tiempo?
Una de las características de la personalidad es que se mantiene estable. No obstante los componentes de nuestra personalidad van variando en cantidad con el paso del tiempo. Por ejemplo con el paso del tiempo nos volvemos más amables y responsables, y cuando somos jóvenes nos mostramos más extrovertidos y abiertos a nuevas experiencias.
Por ello, aunque la personalidad tenga ciertas características permanentes podemos tratar de potenciar aquellas que nos ayudan en nuestro día a día y disminuir aquellas que nos producen malestar.
Después de semanas de confinamiento, volver a la rutina a la que estábamos acostumbrados antes supone un reto. Por eso es importante realizar el proceso de descalcada de un modo progresivo, que permita darnos tiempo para ir adaptándonos a la nueva normalidad. Existen varios puntos a tener en cuenta que pueden ayudarte a afrontar la desescalada.
Afronta el miedo gradualmente. Tras semanas de encierro y aislamiento salir y exponerse al mundo exterior genera incertidumbre y ansiedad. La manera de hacerlo es exponiéndote de un modo gradual, respetando tu ritmo y planificando rutas familiares que te han sentir cómodo. Poco a poco puedes ir aumentando el tiempo que pasas fuera de casa, y la frecuencia de los paseos.
Reconoce el esfuerzo emocional de la situación. Volver a la normalidad es un proceso duro emocionalmente que puede generar frustración y estrés. Darte un tiempo para realizar las tareas y no te castigues si no te da tiempo a realizar todo lo que te habías propuesto para el día. Sé comprensivo con la situación y con el esfuerzo emocional que supone.
Mantente informado y sé flexible. Trata de recurrir a fuentes fiables para estar actualizado con las novedades diarias y las precauciones necesarias. Intenta adaptarte a la situación de cada día, flexibilizando tu expectativas. De este modo la sensación de frustración y de ansiedad serán menos intensas.
Expresa tus emociones negativas. Comparte con tu familia y amigos cómo te sientes. Además de sentirte escuchado y de poder exteriorizar lo que sientes, te sentirás acompañado en el miedo y el estrés que surgen en un periodo de adaptación como el que estamos atravesando.
Pide ayuda si la necesitas. Si sientes que el estrés o el miedo son muy intensos pide ayuda a un profesional. La terapia psicológica puede ayudarte a entender y disminuir estas emociones.
El miedo a enfermar es el malestar generado por la creencia de que tenemos o que tendremos en un futuro un enfermedad grave o terminal. En muchos casos esta enfermedad es el cáncer, pero pueden ser otras. Esta creencia genera mucho malestar en la persona, llegando a afectarla en su capacidad para hacer una vida normal.
La ansiedad por enfermar surge de unas creencias o «supuestos» que vamos adquiriendo en nuestra infancia y que se disparan tras un incidente crítico, como puede ser la muerte de un ser querido, o un momento de crisis laboral o de pareja que nos genera mucho malestar. Estas creencias son por ejemplo «los síntomas corporales son una señal de que algo va mal, debería poder encontrar siempre una explicación a mis síntomas».
Las creencias disfuncionales disparan los pensamientos automáticos negativos. Un ejemplo de pensamiento automático negativo sería «Podría tener un tumor cerebral» «no le dije al médico que he perdido algo de peso» «Puede ser demasiado tarde»
Las consecuencias de este miedo se manifiestan con comportamientos como autoinspecciones para ver si ha salido un bulto, búsqueda de información en internet, visitas frecuentes al médico para hacerse chequeos, preocupación constante por la enfermedad, observación de los cambios corporales, y focalización de la atención en el cuerpo. Esto genera en la persona ansiedad, depresión, y alteraciones del sueño y del apetito.
El miedo a enfermar genera mucho malestar y puede volverse crónico si no se realiza una intervención lo antes posible. Para combatirla se utilizan técnicas de eficacia probada como la exposición la psicoeducación y la reestructuración cognitiva. Llámanos, podemos ayudarte Contacto
La vida de nuestros hijos muchas veces puede verse afectada por un suceso difícil o traumático a pesar de los esfuerzos por parte de padres y profesores de protegerlos. En la situación sanitaria actual nuestros hijos pueden verse expuestos a circunstancias difíciles como estar mucho tiempo en casa apartados de su rutina, o pueden vivir la enfermedad y el fallecimiento de algún ser querido. En lugar de intentar proteger a nuestros hijos de todos los peligros es bueno que los adultos puedan comunicarles lo que está sucediendo.
Esta conversación no parece fácil, pero poder hablar de lo que sucede de un modo apropiado para su edad ayuda a los niños sentirse más seguros y tenidos en cuenta.
Aunque los adultos intenten evitar hablar de temas delicados, los niños muchas veces escuchan o saben que algo triste ha sucedido. Si los adultos no hablan de ello el niño puede sobreestimar lo que está ocurriendo o no entender el silencio de los adultos. Por eso es importante que el adulto saque el tema. Cuando el adulto es comunicativo, su hijo entiende que puede recurrir a él y se siente apoyado.
Guía para la conversación
Piensa lo que quieres decir. Está bien practicar solo o con otro adulto lo que quieres comunicar a tu hijo. Planificar la conversación puede hace que resulte más fácil ponerla en práctica.
Busca un momento tranquilo. Busca un momento en que puedes dedicarle toda la atención a tu hijo, por ejemplo, después de cenar.
Averigua qué es lo que saben. Por ejemplo, tal vez han escuchado algo de una epidemia o que el abuelo está en el hospital. Pregúntales si han oído hablar del tema y escucha lo que te dicen.
Comparte tus emociones con tu hijo. Es bueno reconocer tus emociones frente a tu hijo. Esto le da la oportunidad de ver que, aunque la situación te afecta, puedes sobrellevarla y seguir adelante. Puedes ser un ejemplo a nivel emocional para tus hijos.
Sé sincero. Habla de los hechos con tu hijo de modo claro que pueda entender, pero no des detalles gráficos. Para los niños pequeños puede que tengas que hablar sobre qué significa la muerte. La muerte significa no sentir más, no tener hambre, no tener con miedo. Nunca veremos a la persona de nuevo, pero tenemos los recuerdos en nuestros corazones y nuestra memoria. Responde que “no lo sabes” sin realmente no sabes la respuesta a una pregunta que te plantee.
Y sobre todo reasegura. Al final de la conversación reasegura tu hijo de que haces lo posible para mantenerle seguro y para cuidarlo. Reasegúrale que estás ahí para resolver cualquier pregunta que pueda tener. Reasegurarle que le quieres
Cuídate
Pasar por una situación traumática o de noticias difíciles es muy estresante por lo que es importante que dediques un tiempo también a cuidarte.
Descansa de las noticias
Date un respiro
Haz alguna actividad física
Realiza alguna actividad con tu familia
Busca ayuda profesional
Estos consejos y estrategias que te ofrecemos pueden servir de guía para ti y para tus hijos en la situación sanitaria actual. No obstante, si te sientes atascado o abrumado o sí tu hijo presenta signos de estrés o de agitación puedes considerar ofrecer a tu hijo ayuda profesional. Un psicólogo puede ayudarle a desarrollar estrategias para afrontar la situación y seguir adelante.
La constante introducción de nueva información respecto al COVID-19 y su expansión está creando cada vez más ansiedad entre la población. Estos son algunos consejos que pueden ayudarte a manejar la ansiedad, a poner la nueva información en perspectiva y a mantener una visión positiva de la situación:
Trata de mantener una perspectiva racional. Respira profundo y recuérdate a ti mismo que la mayor parte de las personas que contraen el virus solo manifiestan síntomas ligeros. Además, se está realizando un gran esfuerzo a nivel sanitario para atender a las personas vulnerables como son los ciudadanos mayores y las personas con condiciones médicas especiales. Mientras aumentan el esfuerzo sanitario es importante que mantengas las precauciones necesarias para mantener a tus familiares y seres queridos sanos.
Infórmate de los hechos. Tener una visión objetiva y analítica de las noticias sobre el coronavirus ayuda a reducir la ansiedad. Recuerda verificar la información que viene de tu familia, de tus amigos o redes sociales. Existen páginas oficiales del Gobierno que pueden darte información sobre los datos objetivos. https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/ciudadania.htm
Comunícate con tus hijos. Habla con tus hijos de las noticias del coronavirus de un modo honesto y ajustado su edad. Los padres pueden ayudar a bajar el estrés centrándose en mantener una rutina para sus hijos y tratando de generar unos horarios. Recuerda que los niños observan las emociones y los comportamientos de los adultos para aprender a manejar sus propias emociones. Igualmente regular el tiempo que están expuestos las noticias ayuda a no sobrecargarles y a reducir la sensación de ansiedad.
Mantente conectado. Mantener relaciones sociales y estar conectado puede ayudar a mantener una sensación de normalidad. Además, es una manera de liberar la carga emocional y el estrés que estás viviendo ahora. Puedes mantener estas conexiones a través de diversas plataformas que permiten la comunicación telemática incluso en grupo. Además, puedes ofrecer ayuda a tus amigos escuchando cómo se sienten y ayudándoles a entender que es normal sentirse estresado una situación como la actual.
Pide ayuda. Las personas que sienten estés prolongado, una tristeza excesiva o una reacción emocional adversa pueden sufrir consecuencias que afecten a su trabajo y a sus relaciones personales. Si te sientes abrumado o sobrecargado por tus emociones es importante que busques ayuda profesional. Los psicólogos pueden ayudarte a manejar la ansiedad y a encontrar maneras constructivas de manejar la adversidad.
Desde la psicología muchas veces olvidamos estudiar qué procesos hacen que nos enamoremos. Solemos dar por sentado que el enamoramiento se produce por una cuestión de atracción física o de puntos en común entre dos personas. No obstante, existen muchos otros factores que hacen que sintamos que hemos encontrado a nuestra media naranja.
Los atributos de la pasión, según Aron (psicólogo experto en el estudio de las relaciones de pareja), son los siguientes:
Similaridad. Si pensamos de manera parecida a la otra persona, tenemos rasgos de personalidad afines y compartimos un sistema de valores similar nos sentiremos más atraídos por ella. Un estudio llevado a cabo por Zeki en su artículo «La Neurobiología del Amor» demuestra que unos niveles bajos de serotonina (el neurotransmisor de la felicidad) en nuestro cerebro, son contrarrestados por la similitud y familiaridad que sentimos hacia una persona. Además, se ha demostrado que si estos niveles de serotonina aumentan durante el inicio de una relación amorosa se fomenta el apego romántico y la vinculación en la pareja.
Cercanía o afinidad. Es decir, que la otra persona nos resulte familiar. Existe un efecto denominado «mera exposición» que demuestra que sentimos más cercanía y afecto positivo hacia una persona u objeto a medida que pasamos tiempo con él. Esto ocurre por ejemplo con las canciones de la radio. Puede que en un principio no te guste una canción, pero después de haberla escuchado veinte veces en la radio te apetece cantarla y hasta te sabes la letra. Con las personas el efecto de «mera exposición» se produce cuando pasamos tiempo juntos, vivimos cerca, trabajamos juntos y nos cruzamos frecuentemente, por lo que la presencia del otro se vuelve agradable y familiar. Además, otra característica interesante del amor es que una proximidad sentida a un nuevo amante crea niveles más altos de la recompensa y la motivación química de la dopamina, mientras que la distancia puede conducir a que estos se reduzcan.
Apariencia y cualidades que nos resultan deseables. El físico en la atracción es muy importante, sobre todo si la persona tiene cualidades que a nosotros nos resulten especialmente atractivas. Este punto es el que más influye a la hora de sentir atracción física hacia alguien, pero no hay que olvidar que no es el único responsable de que sintamos pasión hacia esa persona.
Atracción mutua. Sentir que la otra persona se siente atraída por ti hace que inconscientemente te guste más. Es decir, la reciprocidad de las emociones experimentadas hace que sintamos más intensamente nuestra atracción hacia la otra persona. No hay que olvidar que a veces confundimos la pasión con otras emociones fuertes que tienen un efecto activador en nuestro cerebro como la ansiedad o el miedo. Por ejemplo, el sentimiento de aumento de los niveles de adrenalina se confunde a veces con un sentimiento de estar enamorado de una persona. En su famoso experimento Dutton y Aron (1974) descubrieron que más hombres se enamoraban de una atractiva entrevistadora cuando le hacían preguntas en situaciones de ansiedad (un puente de suspensión que despertaba miedo) en comparación con situaciones tranquilas. Por lo tanto, incluso en la ausencia de la mayoría de los otros factores de la aparición de la pasión, encontrar a alguien en una situación de ansiedad puede provocar que nos enamoramos de esa persona.
Además de sentir pasión, a largo plazo existen otros factores que influyen en que la atracción vaya más allá y nos enamoremos de esa persona. Estos factores son los siguientes:
Influencia social. Una unión potencial que satisface las normas sociales generales, así como la aceptación de la posible unión dentro de la red social, puede contribuir a que las personas se enamoren. Por el contrario, una unión que no satisface las normas sociales generales o que no es aceptada por la red social, puede resultar en que la gente se caiga del amor.
Satisfacción de necesidades. Si una persona puede satisfacer las necesidades de compañerismo, amor, o sexo hay una mayor probabilidad de que la otra persona se enamore de él o ella.
Estos factores influyen en la fuerza de nuestra relación de pareja. Entrar en una relación comprometida requiere renunciar a parte de nuestra autonomía personal incluyendo a la otra persona en nuestra vida. Si la otra persona posee características deseables, su presencia en nuestra vida puede ser percibida como una parte que nos hace sentirnos más completos, en lugar de sentirlo como una pérdida de libertad (Aron & Aron, 1996).
Referencias:
Acevedo, B P.; Aron, A. (2009). Does a long-term relationship kill romantic love? Review of General Psychology, Vol 13(1), 59-65.
Aron, A & Aron, EN. (1986). Love and the Expansion of Self: Understanding Attraction and Satisfaction, New York, NY, US: Hemisphere Publishing Corp/Harper & Row.
Aron, EN & Aron, A. (1996) “Love and Expansion of the Self: The State of the Model”, Personal Relationships 3, 1: 45–58
Dutton, D. G., Aron, A. P. (1974). Some evidence for heightened sexual attraction under conditions of high anxiety. Journal of Personality and Social Psychology, Vol. 30, No. 4, 510-517. doi : 10.1037/h0037031
Zeki S. «The Neurobilogy of Love» (2007) Jun 12;581(14):2575-9. Epub 2007 May 8. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/17531984
“Se niegan así (con la medicación) las variaciones subjetivas, los conflictos subyacentes, las estructuras sobre las que emerge el cuadro sintomático. El diagnóstico equipara y el tratamiento certifica el destierro de una escucha para el malestar del niño y el entorno familiar.” (Sammartino, 2007)
¿Por qué se le otorga tanta importancia a la medicación?
La medicación responde a la concepción del cuerpo como máquina, la cual ha de funcionar del modo “adecuado”. Para conseguir este funcionamiento se confía en la ayuda externa, es decir, en la administración de pastillas. Al intentar conseguir este efecto milagroso por el cual todo malestar desaparece con un simple gesto (ingerir una pastilla), se obvian los factores socio-culturales del TDAH, así como la historia del sujeto, la dinámica familiar y las circunstancias que rodean al niño. En la intervención es imprescindible no apoyarse únicamente en la medicación, ya que los factores socio-culturales juegan un papel decisivo en el trastorno, el cual está íntimamente relacionado con lo que se considera patológico en cada lugar y época (Janin, 2012). Un ejemplo de esta dependencia socio-cultural del diagnóstico de TDAH se aprecia en diversos estudios transculturales. En Brasil, en 2003 se consideraba que el 17,1% de la población infantil tenía TDAH (Vasconcelos, 2003), mientras que en Bogotá, la cifra ascendía a 31% en 2005 (Talero Gutiérrez, 2005). Ambos estudios muestran que la idea de hiperactividad se asocia a la infancia, y que su consideración cambia en las distintas culturas. La manera en la que se educa a los niños influye en su comportamiento en los distintos grupos sociales. Así mismo, la percepción de la desatención e hiperactividad depende mucho de la escuela, ya que en algunas escuelas el porcentaje de niños con TDAH es significativamente mayor que en otras (Janin, 2012).
La medicación sirve para tratar a los niños considerados como “oposicionistas” a lo social, y así evitar preguntarse qué ha fallado. No se cuestiona cómo se transmiten las normas en la actualidad, ni la implicación de los adultos en el desarrollo de los niños. De acuerdo con Janin (2012), se podría plantear que el adulto no ocupa su lugar como el que dicta las normas en el entorno familiar, o que los niños se sienten desamparados por el falso poder que han recibido debido a la falta de normas claras. Estas son hipótesis y preguntas que surgen gracias al síntoma, y quedan obturadas si este es apagado repentinamente con la medicación. A través de la medicación se consigue una solución al problema rápida y eficaz. Sin embargo a través del cuestionamiento y el trabajo con los padres se podría conseguir un resultado más sólido y duradero. Con la medicación «milagrosa» se fomenta a su vez la conducta patológica del niño, ya que se promueve actuar sin dar tiempo a pensar, a no poder esperar, y a exigir una solución con urgencia. Desde la consulta se podría interpretar el uso de pastillas como la necesidad de llenar un vacío que el niño ha colmado con su hiperactividad. Por esta razón, y cómo se ha mencionado anteriormente, la medicación es recomendable sólo si los síntomas impiden el acceso al niño. La función de la medicación en este caso sería la de rebajar temporalmente la hiperactividad y así poder empezar la cura (Janin, 2012). Los niños en la sociedad actual parecen avocados a intentar llenar un vacío, ya sea con objetos o con desbordes motrices. Si el vacío no consigue llenarse, los niños se vuelven abúlicos y apáticos, expresando lo contrario a la vitalidad característica de la imagen de la infancia actual. La abulia y la apatía son las características de los niños «desatentos» de hoy. Por este motivo se mete en un mismo saco a los inquietos, a los tímidos y a los tristes. Todos pueden ser variables de TDAH, y la medicación es el conducto para adaptarse a las normas sociales de hoy en día: ser buen estudiante tener buen comportamiento (Janin, 2012).
Recientemente, la psicóloga Marilyn Wedge (2012) publicó un estudió sorprendente en el cual revelaba que en Francia el TDAH tiene una prevalencia mucho menor que en Estados Unidos. «Mientras en Estados Unidos alrededor del 9% de los escolares han sido diagnosticados con Trastorno de Déficit Atencional con Hiperactividad (TDAH) y en Chile alrededor de un 5%, en Francia apenas un 0,5%.» (Wedge,2012). Se cree que el buen pronóstico de los niños franceses se debe sobre todo al uso de una terapia psicosocial, donde se considera al niño como sujeto, y se trata de cambiar su contexto. A su vez, trata de minimizarse el uso de medicación. En el caso del diagnóstico «desubjetivizante», los niños quedan marcados para siempre en un momento crítico del desarrollo, influyendo en su constitución psíquica. Debemos plantearnos la responsabilidad de los profesionales con los niños. El etiquetar a los niños les impide construir su narcisismo e investir libidinalmente al mundo, ya que su lugar lo ocupa su «trastorno». «En lugar de la esperanza, en lugar de ser alguien que va desplegando potencialidades, se es deficitario de entrada” (Janin, 2012). Al no escuchar al niño, este se ve obligado a comunicar su malestar a través de su movimiento. Si se atribuye su síntoma a causas neurológicas se elimina toda posibilidad de comunicación del niño. Por lo tanto, un niño triste no tratará de preguntarse qué le ocurre ni qué duelos está tramitando, sino que intentará dejar de estarlo con la mayor celeridad posible, para no cargar a los adultos (Janin, 2007).
Sammartino, M.E., (2007), La hiperactividad infantil como un signo de los tiempos Intercambios-Papeles de Psicoanálisis, 19 pp. 53–61 http://intercanvis.es/pdf/19/19-05.pdf
Talero Gutiérrez, C., Espinosa Bode,
A., Vélez Van Meerbeeke, A. (2005): “Trastorno de Atención en las Escuelas
Públicas de una localidad de Bogotá: percepción de los maestros”; Rev. Fac. Med., Bogotá, Vol 53,
nº4:212-218).
Vasconcelos M.M., Werner J. Jr, Malheiros A.F., Lima
D.F., Santos I.S., Barbosa J.B. (2003): “Attention
deficit/hyperactivity disorder prevalence in an inner city elementary school”; Arquivos de Neuro-Psiquiatria, São
Paulo, vol.61, nº1: 67-73