Psicología y Bienestar

¿Ser padres optimistas ayuda a nuestros hijos?

          Ser optimista nos ayuda a saber manejar mejor las situaciones por las que pasan nuestros hijos, además de ayudarles a ser positivos. El optimismo nos ofrece varias herramientas en la educación de nuestros hijos.

Inteligencia Emocional

   El optimismo consigue que eduquemos a nuestros hijos siendo capaces de afrontar las dificultades de un modo constructivo, identificando y modulando sus propias emociones. Esta inteligencia emocional está asociada a un factor protector para la salud de nuestros hijos. La inteligencia emocional se asocia por ejemplo a una tasa más baja en cuanto al consumo de alcohol y de tabaco en adolescentes y universitarios. Al fomentar en nuestro hijo sus fortalezas hacemos que construya una imagen fuerte de sí mismo. De este modo desarrollará la capacidad para ser asertivo en lugar de seguir el criterio de los demás. Es decir, conseguimos que sea él quien decida que no quiere fumar, en lugar de imponerlo nosotros desde fuera. De este modo la decisión será más influyente en su conducta.

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    El optimismo se relaciona a su vez con el afecto positivo, el cual mejora la salud cardiovascular, el funcionamiento inmunológico y las conductas de salud. Las conductas de salud son aquellas que llevamos a cabo para prevenir situaciones que aumentan el riesgo de caer enfermos.  Como hemos visto antes, el no fumar sería una conducta de salud.

   El optimismo disposicional es la expectativa de obtener buenos resultados en la vida. Este optimismo disposicional consiste en centrarse en el afecto positivo más que en el negativo. De este modo, si hay que afrontar una situación estresante, como puede ser un examen, nuestro hijo aprenderá a centrarse en estudiar y hacer frente a la situación, en lugar de centrarse en lo nervioso que está, o el malestar que le causa estudiar. Para ello podemos enfatizar a nuestro hijo lo mucho que va a aprender estudiando, que si estudia tiene más opciones de aprobar y así de no tener que estudiarlo de nuevo para otro examen, etc. El ver la situación desde una perspectiva positiva ayuda a nuestro hijo a desarrollar un afrontamiento activo.

Flow o fluir

        Las claves para ser optimista son la sensación de control y la autoeficacia. De este modo no sentirá ansiedad ante las situaciones y será capaz de afrontarlas con más eficacia. El modo óptimo de afrontar la situaciones se denomina flow (fluir). El flow ocurre cuando estamos tan inmersos en una actividad que parece que el que el tiempo vuela y disfrutamos del placer de cada segundo que pasa. Fue introducido por Csikszentmiháyi, y está relacionado con la creatividad.

El flow se ve reflejado en el siguiente testimonio de una persona que lo siente al realizar un actividad interesante:

“Me concentro totalmente, pongo toda mi atención y mi energía en lo que estoy haciendo y mi foco se reduce a mi actividad. Siento que la tarea está bajo mi control, lo que me provoca una gran satisfacción, y pierdo la noción del tiempo”.

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        Ser capaz de sentirse inmerso en la tarea que estas realizando parece sencillo, pero no lo es. Para conseguirlo es necesario no anticiparse ni pensar en el futuro, sino concentrarse en el momento presente. De este modo conseguimos eliminar la ansiedad de nuestra mente, siendo así más productivos. Si como padres enseñamos a nuestro hijo a ser optimista, lograremos que sea más eficiente a la hora de realizar actividades, sobre todo si esas actividades le gustan. Para ello es necesario enseñar a nuestro hijo a ser consciente de aquello que le apasiona. Una vez identificado trataremos de que se siente motivado con la tarea y que se concentre exclusivamente en ella. Si adquiere el hábito, podrá generalizarlo a otras actividades que le resulten menos gratificantes. En definitiva, conseguirá ser eficiente en aquello que se proponga.

Los pasos para conseguir el “Flow” son los siguientes:

  1. Elige las tareas adecuadas:
  • Selecciona actividades que te gusten.
  • Elige una para practicar: Puede ser una tarea en el trabajo, un hobby, estar con tus hijos o con tu pareja, etc.
  • Asegúrate de que la tarea, actividad o hábito suponga un reto, pero no sea algo excesivamente difícil para ti. Si la actividad supera tus capacidades te vas a estresar o desanimar. Si por el contrario es demasiado fácil te vas a aburrir.
  1. Busca un momento y un lugar que propicien la experiencia del flow:
  • Encuentra la mejor hora del día y el mejor lugar para ti.
  • Evita las distracciones. Aparte de encontrar un momento y un lugar tranquilo para trabajar, tendrás que despejar todas las demás distracciones. Eso significa apagar los teléfonos, correo electrónico y notificaciones de mensajería instantánea y cualquier cosa que pueda aparecer o hacer ruido para interrumpir sus pensamientos. También ayuda despejar tu escritorio de cualquier objeto que pueda distraerte.
  • Aprende a mantener la concentración en la tarea. Esto requiere práctica. Tienes que empezar tu tarea elegida y mantener el foco en ella durante todo el tiempo que puedas. Al principio, quizá te cueste, sobre todo si estás acostumbrado a cambiar mucho de tarea.
  • Tomate tu tiempo para disfrutar de esa maravillosa sensación de ser capaz de utilizar tus capacidades en un proyecto que vale la pena, hacer progresos en esa tarea importante, y de poder dedicarle tiempo a algo que te apasiona. Una vez que lo termines párate unos minutos para apreciar ese momento.

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    El optimismo nos ayuda a que nuestros hijos se sientan mejor y que sean más eficientes en aquello que hacen. Por eso es importante que los padres aprendan a ser optimistas. De este modo pueden enseñar a sus hijos a sacar partido de todo lo que hagan. Al enseñarles el optimismo nuestros hijos logran elegir bien las actividades que realizan (les gustan, les dan importancia y suponen un desafío para él),  y además aprenden a prestar atención, consiguiendo así una experiencia de flow.

Bibliografía:

Csikszentmiháyi, M. (2003) Flow, una Psicología de la Felicidad. Kairós

Csikszentmiháyi, M. (2009). El flujo. Emociones positivas (181-193). Madrid: Ediciones Pirámide.

Scheier, M. Carver, C. (1985). Optimism, coping and health: Assessment and implications of generalized outcome expectancies, Health Psychology, 4, 219-247

Scheier M. Carver, C. (1992) Effects of optimism on psychological and physical well-being: theoretical overview and empirical Update Cognitive Therapy and Research, 16, pp. 201-228

 

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